on January 27, 2012 by Padrino in Escritos, Comments (0)
[02] El Relato Intrascendental
Las chicas se acercan, bromean y muestran a un pequeño perro nada gracioso que husmea entre los zapatos de los presentes. Él, de bigote y gorra, observa al simplón animal con algo de desprecio. Ellas, risueñas y joviales, ligeras de ropa, parecen no inmutarse de la mirada, lasciva, del hombre, quien clava sus ojos en esos pantalones ajustados. La mirada recorre distintos planos; el redondo trasero de una de ellas, el más prominente, mientras la otra habla y dice quien-sabe-cuantas-pendejadas. La mirada de nuevo en los ojos de la parlanchina. Después, hacia el antipático y babeante perro faldero. Culo, ojos, perro. Culo, ojos, perro.
El individuo en cuestión parece jugar ese juego de miradas desde su enferma mente, que seguro piensa en términos sexuales, importándole una mierda lo que diga esa simpática -a la distancia- chica. Culo, ojos, perro. Una vez más, ella dice una palabra y él atiende inmediatamente como si estuviera atento. Culo, culo, culo. La chica se siente incómoda y observa a la otra mujer, ajena a todo, con la mente en alguna lejana galaxia o tal vez en aquel arbusto, pensando en que no lo han regado quien-sabe-en-cuanto-tiempo.
Mutis. La chica observada se da cuenta de esa mirada, penetrante, ansiosa, incómoda. Indignada le pregunta al hombre, en un tono severo: -¿pasa algo?-.
El hombre, sinvergüenza natural, poco rápido para el pensamiento -no sexual- y de casi nulos sinónimos, atesta una contestación que, seguramente, la niña, acostumbrada al cobijo de los celos de su padre, o de su hermano, o de su novio, o de su abuelo, se sentía desprotegida ante tal muda e hiriente violación.
-ehhh- atestó el varón adormilado, aún con la mirada en las nalgas de la, también pasgüata compañera.
Ipso facto, unos sonidos guturales, que duraron segundos, acabaron en un escupitajo cercano a la sandalia y perfectos dedos del pié de la chica, que se dio la vuelta rabiosamente. Eso sí, moviendo sus caderas de una manera que nadie, nadie había visto.
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