on July 10, 2010 by Padrino in Escritos, Comments (0)
Melancólica historia de una fotografía
Hace un par de noches en mi habitación, se apareció un pequeño gnomo. Tenía las pupilas dilatadas porque iba de LSD, medio calvo -ya tenía su edad- y bastante feo. Llamó mi atención desde el escritorio dando saltitos. Cuando me acerqué, se burló de mí con su cara arrugada y me dijo: “Estás bien pendejo Diego… ¡pero bien pendejo!”. Acto seguido se fue corriendo justo detrás de una foto que está en mi escritorio. Creo que ahí sigue, vigilándome, riéndose, juzgándome.
Desde entonces no he vuelto a mirar la foto, ahora sólo me pregunto: ¿por qué sabe tanto de mí ese pinche gnomo?
Los días han pasado, me he enterado que el gnomo es drogodependiente, politoxicómano y tiene crisis nerviosas frecuentemente. Lo dejo vivir ahí porque mantiene limpio el marco de la fotografía y parte del escritorio, aunque sigo sin poder volver a ver la foto.
Cada noche en la que la nostalgia me invade y los recuerdos no cesan de llegar, miro hacia el escritorio, el gnomo sale de su pequeña casa -ha contratado televisión por cable y está cultivando hierba en la maceta contigua- diciéndome lo mismo: “Estás bien pendejo Diego… ¡pero bien pendejo!”.
Hoy he llegado del trabajo. No está el gnomo, tampoco la fotografía, ni la maceta ni siquiera los cinco euros para tabaco que dejé en el escritorio. Se lo llevo todo ¡todo! Ahora entiendo… qué pendejo estoy.
Hoy por hoy, las noches de melancolía en las que extraño su risa, su cabello, sus ojos, son mucho más duras. Ya no está su foto, ni el marco que me regaló el día de mi cumpleaños, tampoco tengo un gnomo yonqui que me escuche en sus viajes de LSD cuando le cuento mi historia, esa de aquel amor perdido en la distancia hace tanto, tanto tiempo.
¿2005?
Tags: Cuento Corto, Diego, Fotografía, Gnomo, LSD, Nostalgia
No Comments
Leave a comment