on July 3, 2010 by Padrino in Escritos, Comments (0)
Cuando piensas en el olor de las estrellas
… son las 8 de la mañana, medio dormido, sin desayunar. La estación de tren, llena de gente, de caras, de nombres desconocidos. Me tomo un café. No me he puesto a pensar en lo que he hecho. No estoy en casa, no estoy acompañado, no tengo nada. Un simple café, una estación de tren, un billete de ida, pero no de vuelta.Todo ha sido un sueño. Un impulso fugaz.
Espero, sigo esperando, no me canso de esperar. Ya son las 10 y decido pagar el café, salir de la estación de tren, del submundo en el que me encuentro para sumergirme en mi nueva realidad. Estoy en Praga. No tengo idea de nada. Es la ciudad más bella que jamás pude imaginar, pero fuera de lo que ven mis ojos, no se nada. No tengo a donde ir. Mi consuelo es saber que dejé lejos, muy lejos, aquello que me estaba matando.
Por fin decido llamarle. Me contesta. “Me decidí” Le digo con un poco de vergüenza. Una carcajada suena al otro lado del teléfono soltando un suspiro. “Lo sabía… empezaba a preocuparme” me contesta con su casi perfecto español.
Por la noche pude dormir muy bien. La primera vez que duermo bien desde hace meses. Escribo un poco. Salgo al balcón. Hace mucho frío. Es otoño. Respiro el aire fresco, me doy cuenta que estoy más vivo que nunca. Un dulce y ligero olor me llaman la atención. Miro al cielo, las estrellas me hablan. El viento me canta. Me doy cuenta que hice lo correcto. Todos podemos volver a empezar.
La ciudad al fondo. Un río que no cesa de caminar. El olor de las estrellas me revive. Praga huele a estrellas, y sabe a viento fresco. Doy un sorbo a la copa de vino. Mañana no será otro día. Será el primero.
[Fragmento]
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